Antes de que acabe su último paseo en soledad necesita descubrir quién es ella. Qué parte es la real. La que va a tener que esconder. O la que ha estado escondiendo desde que aquello comenzó. Si supiera la respuesta todo sería más fácil. Sabría qué hacer exactamente: esconderse o darse a la luz. Pero no lo sabe. Sólo conoce lo que se la explicó en el informe de la misión.
Cambió su vida.
Ese momento, nunca podría ser otro, es el momento de inflexión de su existencia.
El informe.
La firma.
Una carpeta tamaño DIN A5 cerrada con goma elástica, metida en un sobre forrado por dentro con aluminio, que será escondida en el cuarto cajón de la mesilla de noche, bajo el fondo, en el hueco creado por las maderas. Allí nadie lo verá. Nadie buscaría nada en la habitación de una adolescente de dieciséis años sociable y sin tiempo en la agenda para espiar a nadie y con unas notas mediocres en todo lo que tiene que ver con la tecnología.
Pero aún quedan cinco días para que tenga que asumir ese papel. Aún está sola. Y lo estará cinco días más. Pero está preparada. Afrontar todo lo que la viene encima es algo para lo que nació, eso piensa. Y no dejará que nadie lo ponga en duda.
Por ahora.