viernes, 14 de octubre de 2011

Omh 7

Durante un tiempo continuó andando. Siempre hacia las profundidades. En una longitud y una latitud totalmente desconocidas para ella. Pero siguió bajando. Para llegar a algún sitio.
Al final, como si del túnel de la muerte se tratara, y por tópico que pareciese, vio una luz. Era sólo un suave resplandor que se convirtió, al final, en una cegadora florescencia.
La antítesis de su llegada.
Aquel inicio del fin.
Cuando entró venía de un día de invierno cualquiera. Uno de esos días en los que el aire parece cortarte la piel y el sol te deslumbra al reflejarse en cualquier superficie blanca. Esos en los que, pese a todos los inconvenientes, quieres quedarte en la calle disfrutando de los pocos rayos del sol que desprenden algo de calor.
Cuando entró en aquella casa todo era oscuridad. Simple y pura oscuridad. Como un presagio de lo que sería su vida de ahí en adelante. Pero ella ni siquiera lo tuvo en cuenta. Sólo se detuvo, molesta, esperando a que sus pupilas se acompasasen al lugar. Intentando descubrir cómo era y sin poder escuchar nada.
Indicios de vida en el silencio.
Pasillo negruzco con un réquiem de fondo.

domingo, 9 de octubre de 2011

Omh 6

Pero por ahora sigue descendiendo. No hay tiempo para pararse a pensar en este tipo de cosas. No hay tiempo para no pensar.
En muchas ocasiones la han dicho que la única forma de conocer el futuro es comprender el pasado. Así como aparentemente en la historia de la humanidad aparecen perfilados lo que podría llamarse esquemas continuos circulares, también puede aplicarse esto mismo a la propia vida. Desgraciadamente siempre hay una excepción a la regla. Y ella es la excepción a esta regla.
No puede comprender su pasado porque no hay nada que comprender. Simplemente nació (la hicieron nacer) y creció a base de golpes de suerte. Y ahí se termina todo. A partir del instante en que cambió su rumbo y dejó de lado lo que había planeado para su existencia, fue cuando renació.
El problema de renacer es que existe la posibilidad de volver a morir. O la certeza. Además del concepto de haber muerto anteriormente.
Para su YO antiguo eso supondría una gran pregunta filosófica. ¿Qué pasó conmigo? ¿Qué ha muerto? ¿Sigo siendo Yo? ¿O soy otra persona? ¿En qué he cambiado? ¿En qué no? ¿Si no he cambiado en algo, quién soy?
Para su YO actual todos esos interrogantes tienen que pasar a un segundo plano. Pensar en todo eso sería desperdiciar el tiempo que tiene para completar la misión. Además de algo inútil.

martes, 4 de octubre de 2011

Omh 5

Cada paso que da, cada segundo que pasa, la acerca más y más a ese teatro. Sabe que podrá hacerlo, para eso la han preparado. Por eso firmó y aceptó la misión. Porque era su destino. Y por eso continúa descendiendo hacia un lugar al que una vez llamó casa.
Es una apátrida.
Nadie lo sabe.
Tener que volver a vivir en un mundo en el que los humanos se intentan matar unos a otros es la mayor prueba de valor que ella puede darles. Intentará comprender lo que pasa, la secuencia de pensamientos encadenados, que tiene lugar en la mente del resto de los especímenes de su especie. Necesita una referencia de comportamiento.
Cuando esté analizando a los elementos decorativos a los que ha de llamar amigos se dará cuenta de que todos están igual que ella. Todos los adolescentes tienen las mismas dudas y todos reclaman lo mismo. Todos se sienten solos e incomprendidos en el mundo y todos intentan ocultarlo frente a los demás. Todos se rebelan contra las normas y dictaduras y todos hablan como si cada palabra que saliera de sus labios fuera la solución a todos los problemas.
Eso no la ayuda.
La hace sentirse todavía peor.