sábado, 26 de junio de 2010

23:30

Nunca creí que algún día tendría que coser las heridas de mi corazón con los jirones de tu recuerdo. En las noches de verano como la de hoy la melancolía se apodera de mi mente, mi pasado parece volver a suceder, espirales de memorias sin principio ni fin...
Jamás pensé que si se llegara a tocar fondo se podrían seguir dos caminos: ir hacia arriba y volver a nacer o cavar para seguir cayendo en el olvido. Desde que la preocupación de los deberes desapareció de mi mente mi tiempo se ha ido gastando en romper cosas inservibles y reordenar mi vida material, en soñar utopías demasiado hermosas como para que me lleguen a suceder a mí alguna vez en la vida, en sonrisas forzadas, en tristeza infinita, en desamparo del corazón... me falta algo importante, algo para que mi verano comience y mi estado de ánimo y los colores de mi vestuario vayan al unísono. No sé lo que es y dudo que cuando ello llegue a mí lo reconozca, solo lo aceptaré como un regalo del destino.
Estando en el medio de la nada rodeada de la curiosa multitud fiestera que nace cada estío, la soledad se hace mas pesada que de costumbre y la incapacidad de esconder las sensaciones y los sentimientos renace de entre sus escombros como un fénix de sus cenizas. Ya, simplemente, no puedo más. Lo único que conseguirá ahora hacerme volver a sonreír es el silencioso y privado sufrimiento de quién no puede pronunciar las palabras correctas cuando se trata de sí mismo pues necesita encontrar a alguien que nada más mirarla sepa si esconde una necesidad en su alma y entonces pregunte una y otra vez, insistiendo un poco, dejando que ella se haga de rogar y coja algo de esa confianza tan interna y aparentemente efímera que tienen los confidentes y entonces durante sólo algunos minutos escuchar problemas banales. Después todo volvería a ser como antes...

lunes, 21 de junio de 2010

Cap.3 Making dinner

Taylor y Karol. Novios desde hace algunas semanas. Los celos aún no han entrado en su relación. Hoy habían quedado para terminar un trabajo en casa de Karol. El trabajo está terminado. Son eficaces. Pensaban pasar una tarde entre seria y romántica. El romanticismo se fue al garete cuando alguien llamó a la puerta. ¿Quién? Nadie. Ese fue el momento de inflexión. Karol se ensombrenció. Taylor no sabía como hacer que volviera a sonreir. No dijeron nada durante los instantes en los que tenían algo que hacer, algo en lo que ocupar sus pensamientos...
-¿Cenamos?
-¿A estas horas? Es muy pronto...
-Karol... Tienes que animarte...
-Lo sé, lo siento, pero es que...
-Cenaremos más tarde. Vamos a la terraza.
Taylor cogió las manos de Karol y se la llevó con él. La casa de Karol estaba en un ático, ocupa los dos últimos pisos del bloque. Tiene una terraza de unos cuarenta metros cuadrados, decorada con sillas, mesas, la clásica sombrilla de verano ahora recogida a un lado... El suelo es de baldosas beige liso y la pared esta cubierta pr una espesa enredadera. El borde esta atesado de macetas con diversos tipos de plantas: florales, aromáticas, medicinales, comestibles... Era un pequeño trozo de selva entre la jungla de bloques de cemento.
Allí, en la terraza, Taylor y Karol se arrebujaron en una manta sentados juntos en el único banco del lugar. Se daban calor mutuamente. No quisieron hablar, de todos modos sobraban las palabras. Taylor la acariciaba lentamente, un gesto que parecía calmarla y que a él le tranquilizaba. Karol solo escuchaba el ritmo suave de los latidos del corazón. Así pasaron minutos y más minutos hasta que sus estómagos rugieron pidiendo comida y, riendo, tubieron que preparar la cena. Taylor fue quién cocinó mientras Karol ponía la mesa en la terraza.
-Haré hevos revueltos con champiñones.
-¡Vale!
Cada cual tenía su tarea y nos se preocuparon por saber del otro. Para sacar la vajilla no era necesario pasar por la cocina. Para cocinar no era necesario salir de la cocina. Ninguno hizo nada innecesario. Y ese fue su mayor error.