sábado, 22 de noviembre de 2014

El rescate (relato sacado de un panfleto)


Éste era un hombre muy piadoso, que vivía a orillas del mar; pero cierto día un tifón huracanado arrasó toda su costa. enviaron todo tipo de transporte para rescatarlo, pero él, intransigente, no dejaba de repetir: "Dios me salvará".
Cuando, ya perdido el cuerpo, se encontró ante Dios, no pasó por alto la oportunidad de reprochárselo: "¡Dios mío, me abandonaste a mi suerte!", y Él respondió: "Corazón, para poder rescatarte te envié todo tipo de transporte, y tú, ciego, a todo respondiste que no."

La ayuda que muchas veces buscamos más allá de nuestros horizontes, también la podemos encontrar justo a nuestro lado. La vida nos ofrece muchas oportunidades, aunque no somos capaces de ver que lo son. Debemos aprender a ver para poder recibir esa ayuda que tanto necesitamos.
Al protagonista de nuestro relato le quisieron salvar del peligro que corría, pero él no fue capaz de verlo. Hay que estar atentos a las oportunidades que la vida nos ofrece, sin caer en la necesidad de despreciar lo que se nos da.

viernes, 29 de marzo de 2013

SAO

¿Quién es en realidad?
¿Puedo decir con certeza que lo conozco?
No hay una diferencia significativa entre el mundo real y el virtual.
No tiene sentido preguntarle a las personas quiénes son realmente.
Todo lo que puedes hacer es aceptarlas y creer en ellas.
Porque no importa quién sea, en tu mente esa es su verdadera identidad.

viernes, 22 de marzo de 2013

Omh 8

Cuando consiguió animarse a empezar a descubrir el lugar, cuando empezó a identificar algunas siluetas, comenzó a andar. Una en la pared de yeso, la otra bailando en el aire y cada uno de sus pasos tentado durante un instante a dejarse caer por el vacío... Y así un tiempo indefinido. Porque no llevaba su reloj de muñeca. No se oía ningún marcapasos.
La realidad estaba cambiando. Había recorrido un largo trecho, siempre con la sensación de descenso, y no había encontrado más que gotelé, cuadros llenos de polvo, muebles y la alfombra del suelo. Y llegó al final. Frente a sí, la sensación de una puerta. Tras de sí, el vacío indiferente. El espacio que la acompañaba y se reía porque sí. Y poco a poco lo que fue dejaba paso a la hoja en blanco, que tanto podría ser un retrato como un paisaje como un bodegón como la indescriptible abstracción. Mas ahora, blanco roto, o sucio, pureza entre la oscuridad, sigue siendo atraída cual polilla.
Toca madera, dijeron.
La puerta que rechina es de hierro.