miércoles, 21 de julio de 2010

Soul. part 2

Antes de que indagueís en las peripecias de mi alocada mente, antes de explicaros nada, antes incluso de que podaís llegar a sacar conclusiones precipitadas; antes de todo ello quiero que sepaís qué es el alma bajo mi punto de vista.
Porque, en serio, ¿qué es el alma? Sí, es aquello que muchos románticos (y no tan románticos) nombran para que su amada caiga rendida a sus pies. Sí, es aquello que decimos que nos duele cuando un suceso muy triste nos toca vivir, y en ese momento pensamos que nunca podremos reponernos, y luego, al cabo de un tiempo, volvemos a sonreir. Sí, tambien es eso que perdemos, rompemos, reparamos, cosemos, vendemos, compramos y, cómo no, regalamos en algún momento de nuestra existencia. Y sí, tambien es lo que al parecer, después de muertos, sube al cielo o baja al infierno.
Sí, el alma es todo eso. No os digo que no, pero ¿qué es el alma? ¿dónde está? y, lo más importante, ¿por qué la tenemos? (si es que la tenemos).
Hay personas que no creen en el alma, igual que hay personas que no crees en la magia, la religión, el karma y los seres sobrenaturales; y yo los respeto, pero yo sí creo en estas cosas y por ello quiero dejar constancia de mi forma de pensar.
¿Qué es el alma? (¡valga la redundancia!)
El alma es una fuerza que va más allá de la física de las cosas. No hace que nuestras párticulas estén unidas (eso dejo que lo descubran personas más cualificadas que yo), ni hace que la sangre fluya por las venas para mantenernos con vida. No. El alma es lo que nos hace pensar de una forma y no de otra. El alma es la que nos da conciencia, la que nos impulsa hacia adelante frente a los desafíos, es eso que nos guía entre la oscuridad inescutrable de la vida. El alma es, en resumen nuestra "inteligencia". No esa que nos sirve para sumar dos más dos, sino la que nos hace diferenciar el mal del bien, la que demuestra quienes somos en situaciones comprometidas o peligrosas, la que nos empuja a preocuparnos por aquellos que están en nuestro círculo de conocidos. Esa inteligencia. La que nos convierte en humanos y no en animales. La que nos da la capacidad de ayudar, de ponernos en el lugar del otro. La que tambien nos lleva a guardar la venganza, los resentimientos y el odio. La que impulsa, más allá de los problemas mentales, a los asesinos a matar. El alma es la diferencia entre las malas y las buenas personas. Entre la inocencia y la creldad. Entre el ying y el yang.
El alma es un fuerza que vive dentro de las personas y que se puede cambiar si te das cuenta de que está allí. Desgraciadamente, muchas personas o no la ven o la ven como algo invariable. Cada persona es la única que puede cambiar la naturaleza de su propia alma. El resto solo somos posible interruptores para que el cambio comience. El amor, la amistad, una pérdida... Sentimientos profundos tan arraigados en el cerebro humano que son capaces de "quitarnos la venda de los ojos".
Yo pasé por un cambio. Ahora me siento mejor persona y creo que cada día voy mejorando. Me doy cuenta de mi lugar en el mundo y de cómo es la sociedad materialista de hoy en día. Selecciono lo bueno e intento imitarlo. Observo lo malo y lo evito y denuncio. Es el camino que he decidido seguir. No lo cambiaré hasta que me demuestren que estoy equivocada en mi forma de vivir la vida. Y como alguien dijo alguna vez:


"Estos son mis principios, si no te gustan tengo otros."

Soul. part 3

"Para gustos, colores."

Eso se suele decir, por consiguiente el número de colores es infinito.

Los seres humanos somos seres complejos, así que no es descabellado pensar que nuestra alma, si tuviera colores, no se podría definir en un color puro, si no, en una especie de mezcla. Podría ser un color base, uno que defina de forma general a la persona, salpicado de otros colores o tonos, que terminarían de explicar a la perfección la personalidad de dicha persona. Las personas más simples tendrían un número bastante inferior de detalles en el color de su alma en contraste con alguien complejo. Considero personalidades complejas aquellas que se podrían llamar retorcidas, las que piensan mucho las cosas; las que aún no tienen claro cuál es su lugar u objetivo en el mundo; las que esconden su verdadera forma de ser por miedo a lo que puedan pensar los demás... Las simples son las que muchos llamamos predecibles. Aquellas a las cuales podemos anticiparnos porque su forma de pensar es tan simple, con unos principios tan claros, con una lógica tan infantil... que nos es casi imposible saber lo que va a ocurrir a continuación.

Pondré un ejemplo: (para que no haya inconvenientes seré yo misma el ejemplo)
Imagino mi alma total y completamente negra. Un alma negra podría ser la de alguien que esconde sus sentimientos, alguien tímido, con el autoestima baja, alguien que se infravalora. Si ese alguien se diera cuenta de todas sus virtudes, la negrura que tapa, como si de un tupido velo se tratara, la verdadera naturaleza de su alma, se evaporaría. Al instante. O al cabo de un largo periodo de tiempo. Y sería feliz. En mi caso no es así.
Mi alma es totalmente negra por una razón difícil de comprender si quien lo explica no lo explica con la claridad suficiente... Vereis, yo soy un alma compleja. No sé en qué grado de complejidad, pero estoy segura de que lo soy. Mi alma es negra por la simple razón de que es así, sin más. No es la negrura que oculta algo que no se quiere enseñar. Es otro tipo de negrura. No oculta. Simplemente forma parte de mí. Yo no intento engañar a nadie, no escondo mis sensaciones, no engaño, no miento en los sentimientos... solo vivo mi vida. Aún así la mayoría, por no decir todas, de las personas que me conocen nunca consiguen comprender mis actos. Si bien es cierto que cuando les explico un razonamiento lógico me entienden y cuando encuentro soluciones fáciles para sus problemas me creen. Pero pese a ello no saben cuando necesito un abrazo ni una sonrisa, no ven por debajo de mi expresión de simple condescendencia hacia la vida, los pequeños detalles les pasan desapercibidos... Obviamente no les culpo. La causa soy yo y ya he aprendido a vivir así.
Por eso pienso que mi alma tiene la naturaleza de esconder lo importante. Como si estuviera esperando un alma tan cegadora y luminosa que me viera como soy sin más y me aceptara. Un alma opuesta a mí. Pudiera ser un alma muy parecida a la mia. Pero en vez de que no la entiendan en todo su esplendor porque vive con una negrura imprenetable, no la entienden porque enseña tanto que quien lo ve solo aprecia una pequeña parte y no aprecia el conjunto al completo.
Pero todo esto sólo son mis conjeturas. El futuro aún está por escribirse.
Por cierto:
¿De qué color es tu alma?

martes, 20 de julio de 2010

sábado, 17 de julio de 2010

Soul. part 1

¿Piensas que el alma tiene color? Yo sí.
¿Piensas que el alma tiene olor? Yo sí.
¿Piensas que el alma tiene sonido? Yo sí.
¿Piensas que el alma tiene sabor? Yo sí.
¿Piensas que el alma tiene textura? Yo sí.

domingo, 11 de julio de 2010

muere, وفاة, 죽으면, kalıp, πεθαίνει, מת, 死ぬ, akifa...

Ciprés. Sombra tan larga. Figura tan esbelta. Nada es comparable a su efímera belleza. Lanza afilada. Pincho moruno de globos oculares de quienes son dejados a su suerte. Recuerdos condensados. Memorias. Pasado. La visión de esa escultura de la madre natura me fascina...
Cruz de piedra sobre un pedestal. Arte gótico perpetuo. Mota de polvo en la longitud del tiempo. Signo inconfundible. Escudo lacerante en visión de vivos. Mensaje simple. Esquela. Réquiem. Idioma universal. Aventa el otro futuro...

Estrellas negras. Luceros incapaces de calentar mi vacío soporte anoréxico. Gélido aire del mediodía. Respiraciones de vivos. Corazones palpitantes sordos y mudos. Ladrones de miradas cándidas. Gotas de tinta de pensamientos. Miles de finales de caminos...

Una calavera. Alma deshabitada. Lánguidos cordeles. Cabellera de modelos esqueléticas. Fémur entre costillas. Huesos entrelazados. Astillas con tuétano. Hojas como pulmones. Barro como corazón. Movimiento estáticamente sádico. Horrendo. Aborrecible. Desamparo visualmente simple. Dolores de ultratumba. Prueba inexpugnable.

Sólo continúa lo compacto. El resto desapareció hace meses. Ya no hay tristeza. Dolor. La mente sigue aquí. Miro mis maltrechos desechos. Todo perdido por lo que supuse valentía. Ingenuidad de locos. Locura ingenua. Masoquismo constante para sobrevivir. Alma casta. Mente perversa. Suciedad en el interior de mis huesos. Brillo ilusorio en la superficie. Visión distorsionada. Resultado de un camino equívoco. Erratas. Estelas de la vida. Callejón sin salida. No hay marcha atrás. Ya no se alcanza la paz. Acantilado sin puente nada más comenzar el sendero. Desagüe de hebras deshechas por el uso. Fin al principio.

Vida. Tránsito. Camino. Condena. Esperanza tardía. Amore asesino. Tiempo retrasado. Tic, tac inaudible. Lismosnas del tiempo. Redundancias. Locuciones retóricas. Seísmos de la mente. Imaginación desbordada. Trola eterna. Lógica inexistente. Verdad invisible a los humanos. Mentira luminosa. Vagabunda en estepas de retales del tiempo. Soy nada. No peso. No siento. Ni existo siquiera. Para qué en realidad. Mi oportunidad pasó hace demasiado tiempo. Ahora solo observo. Miro. Un pensamiento que navega entre vacíos de desesperanza. Una brizna de humo de un volcán apagado. Algún espacio vacío entre los vacíos del espacio. Eso soy. Eso. Eso y nada más. No creo que merezca esta existencia. Dudo siquiera haber merecido la anterior. Espero no haberla desaprovechado. Hubiese sido deshonroso. Mi orgullo sigue intacto. Soy una ególatra. Pérfida. Perversa. Alma peyorativa. No se entiende ésta segunda oportunidad. Doble despilfarro de existencia. Metafísica incoherente. Mecanismo roto. Círculo vicioso. Tropiezos. Inercia de ponerse en pie. Terquedad inagotable. Energía estúpidamente derrochada. Mejor sería morir del todo. No molestar. No agoviar. No estorbar. No malgastar. Dejar a quien merezca la última oportunidad. Secundar la verdad. No destacar. Ayudar sin ser vista. En las sombras. Invisibilidad eterna. Simple cordialidad. Lógica inevitable. Pero no. No. No muero. Sigo aquí. Quiera o no. Sea o no propicio para Gaia. La lógica no funciona en mi caso. Soy la rareza suprema. Un monstruo. La avobinación de la naturaleza. Todo lo horrendo en un solo cuerpo. Pura economía ahorrativa. Normalidad desatada. Temeridades per saecula saeculorum. Nunca fui necesaria. Ahora menos que nunca. Pero la muerte no quiere alcanzarme. Me deja seguir un camino que solo deberían transitar almas útiles para ésta nuestra existencia. Genios. Dioses. Gente de bien. No yo. No. Yo no. Soy peor de lo que se piensan. Mucho peor. Demasiado. Creen conocerme. Creen que soy su ángel de la guarda. Su protección. Su escudo humano. Su salvación. Pero qué saben en realidad. Qué conocen de mí. Sólo una imagen creada para sobrevivir. Para no llamar la atención. Para jugar a un juego tan simple que es de imposible de explicar. Algo que pocos llegaron a atisvar. Menos pudieron jugar. Menos ganar. Yo quise perder. No pude. No me dejaron. Tenía la mejor mano. Ninguna paja. Todo ases. Sólo jugué. Y gané. El premio: la inmortalidad. Sólo jugué. Jugué solo. Pobre niño rico. Exceso de buena suerte. Sólo jugué. Nada más. Sin confianza. Sin esperanza. Sólo por jugar. Por pasar el rato. Dejando que el futuro transcurriera más y más lejos de mí cada vez. No intentaba alcanzarlo. No corría tras de él. Y él vino a mí. El juego gané. La partida concluyó. El viento se llevó las cartas. Ya no se podía hacer nada. Era. Era lo que no quise ser. Mi escudo. Mi imagen. Trampas de vivos. Simplemente lo contrario. No me gusta ser. Centro de atención. Diana imantada. Gravedad convergente. Odio ser. No. No puedo odiar en esta forma. Pero lo haría si pudiera. Podré. Encontraré la manera de odiar. De amar. De sentir. Si no lo consigo volvería a estar muerto en vida. Muerto en una no muerte. Sin capacidad de revivir. Sin capacidad para descansar. En paz. Sin sentimientos. Sin dolor. Tristeza. Angustia. Cansancio. Pena. Sin placer. Alegría. Tranquilidad. Siesta después de comer. Bienaventuranzas. Pudiera ser triste. No lo es. Es llanamente un condena. Para qué tomarlo a mal. En realidad es ley de vida. Tampoco viví tan mal. Nacimiento. Bautizo. Fiestas. Cumpleaños. Otra vida. Juegos. Celos. Peleas. Risas. Crecer poco a poco, con prisas. Soñar con otro futuro aún no impuesto. Descubrir cómo funciona éste infierno disfrazado de ciudad. Hacerte con una personalidad. Vivir un pasado repetido. Pensar que eres algo. Alguien. Saber que no eres nada. Nadie. Aceptar el destino. Diversión. Locuras. Adrenalina. Responsabilidades cumplidas. Todo permitido. Placer. Disfrute. Amor carnal. Sin pensar. Más. Más. Más. MÁS. ¡MÁS! Y entonces oscuridad. Y frío. Y... nada. Y luz. Una pequeña luz blanca. Lejana. Y al abrir los ojos una última vez ser un vacío entre la nada. Y no poder volver a cerrarlos. Porque no tienes párpados. Ni sueño. Ni hambre. Ni nada. Ya no te tienes ni a ti mismo. Y sólo poder pensar. Solo. Porque vivir sin pensar te hace recapacitar en tu lecho de muerte. Y siempre se descubren errores. Momentos que no quisiste vivir. Recuerdos impuestos por el destino. Pero también existieron los instantes de felicidad. Esos por los que mereció a pena pasar un tiempo entre la humanidad. Entre la ajetreada multitud. Y todo parece menos malo. Pero no lo es. Todo sigue igual. Soledad. Parodia de motores en funcionamiento. Yo. Sólo poder pensar. Y observar. Y pensar sobre lo que ocurre al otro lado de la cortina de luz diáfana. De humo voluptuoso. De lluvia. Observar y recapacitar. Recapacitar. Pensar y ver. Ver y pensar. Y no llegar nunca a una conclusión. Al final del camino. A ese pensamiento tan simple y real que se necesita una vida entera para alcanzarlo. Y que cuando lo tienes se grava a fuego en tu memoria. Porque haber llegado hasta él he sido un logro, puedes morir en paz. Pero ese no fue mi caso. Mi despedida llegó cuando debía llegar. Sí. Viví todo cuanto quería vivir. Sí. Y con eso debiera haber sido suficiente. Pero no. En mi caso no. A mí no me podían dejar descansar en paz. Tuvo que tocarme a mí seguir en la tierra unos cuantos milenios más. Y todo para qué. Para guiar a la humanidad a la salvación antes de que se destruyan a sí mismos. Para meterme en cabezas bien amuebladas y dejar por acá y por allá pensamientos útiles. Para incentivar al suicidio a aquellos que tengan poder y no ayuden a la causa. O lo que es lo mismo: para nada.Nadie me vigila. Nadie me controla. Puedo hacer lo que me dé la gana. Puedo no mover ni un solo dedo por la causa. Puedo disfrutar de todos los placeres de la tierra sabiendo que no moriré hasta que no se cumpla el plazo. Y aún así me recibirán como si fuera una heroína. Pero no te puedes quedar sin hacer nada. La culpa. La sensación de falsa impotencia. Todo lo causa la conciencia. La mente. Mi cabeza. Y aún así es tan real. Te quema desde el interior de las venas. Unas secas venas inexistentes por las que ya no circula nada de valor. Es un fuego imposible de sofocar. Un fuego griego doloroso y corrosivo. Al principio es un pequeño escozor y no le das importancia. Poco a poco aumenta sin que te des cuenta. Y llega el momento en que es una tortura y tienes que hacer algo. Y sólo pasaron unos minutos en el tiempo humano. Te quedan millones de minutos. Porque el tiempo es diferente cuando no eres nada. Porque esa es la condena. Porque a veces ganar no significa vencer. Porque todo es relativo. Porque una vida es una acumulación de tiempo perdido. Porque hay quién prefiere seguir preso. Porque la libertad puede ser perversa. Porque no es necesario ser feliz para saber lo que es la felicidad. Porque los suspiros son recuerdos de la eternidad. Y todo es efímero. Y malvado. Y falso. Y corruptible. Nada es lo que parece. Pro la nada no existe. Sólo existe un algo y el vacío. El estar siempre rodeados de algo nos aterra. El estar solos nos aterra mucho más. Morir significa descubrir que los miedos son infundados. Y nunca más estar solos. Morir y tener que levar a cabo mi cometido significa estar sola por un tiempo demasiado largo y olvidar qué es la felicidad. Olvidar a seres queridos. El placer. La esperanza. Buenos momentos. Olvidar. Olvidar y ser olvidado. Y después de años llegar por fin al cielo. Alegría. Felicidad. Aplausos. Todos te conocen. Y tú no conoces a nadie. Quién fue tu madre. Quién tu padre. Tenías hermanos. Novio. Amigos. Hijos. Cuánto viviste. Cómo. Dónde. Cuándo. Y lo más importante: cómo falleciste. Preguntas que no podrás contestar. No recuerdas las respuestas. No recuerdas tu vida. Recuerdas muchas otras. Pero la tuya ya es muy antigua. Y eso ocurrirá cuando termines tu plazo. Y sólo acaba de comenzar. Aún recuerdas parte de tu vida. Lo más triste. Lo más feliz. Quieres llorar. No. No puedes. No tienes lágrimas. Ni una. Ni tienes ojos. Ni párpados. No podrás cerrar los ojos ante atrocidades futuras. Ni ante nada. Ni nadie. Pensarlo. Sufrir. Duele. Espina clavada en el corazón. Brecha en el aire del alma. Trozo de cacho de hierro candente atravesando tu pecho. Hemorroides. Nada. Al final todo es nada. Simplemente. La nada. Resumen de existencia. Masoquismo ilustrado.
Llegando al fin a ésta conclusión todo sentido desaparece. Aceptar lo que viene. Soportar el futuro. El pensamiento se desvanece. Nada existe para ti. Ni para mí. Estar solo en la soledad. Comienza de nuevo el futuro del pasado...

viernes, 2 de julio de 2010

Un beso

Eso es lo que mi alma necesita.

Puede que lo sepáis, puede que no, pero me encanta escribir historias. ¿De qué tipo? Eso no viene al caso. De lo que hoy quiero hablar es de una obsesión que tengo: darle un beso al chico que hace latir mi corazón.

Tengo quince años y aún no he dado mi primer beso, no es que me preocupe ni que necesite dejar de tener unos labios vírgenes, pero mi alma lo pide. ¿Por qué? No lo sé. Puede que sea porque varias de mis amigas ya han dado los suyos o porque lo leí en muchas novelas románticas o porque forma parte de mi personalidad desearlo o por un sueño que tuve... Sí, un sueño...

"Estaba con él y quería besarlo, pero por miedo, inseguridad y timidez no lo hice. Al despertarme estaba enfadada por no haberlo hecho, por no haberme atrevido, por haber dejado escapar la oportunidad de probar sus labios. En ese momento necesitaba besarle y abrazarle y no dejarle escapar nunca más de mi lado. Le necesitaba."

Darle un beso... Ya habré imaginado más de sesenta formas de que ocurra: que él se me declare (cosa que sé que jamás sucederá), que suceda algún acontecimiento excepcional, que me exponga a algún peligro y que él me salve la vida, que estemos a solas y no podamos aguantar ni un minuto más la sed de unión de nuestros labios... Y los besos... Los besos son, dependiendo el momento y el lugar, diferentes: dulce, tierno, apasionado, rápido, cálido, sensual, premeditado, lento...

Sólo existe una cosa que siempre se repite: la sensación que mi cuerpo experimenta después de imaginármelo. Sentía que mi piel se erizaba, mi corazón quería salir de mi pecho y mi mente solo tenía un objetivo: sus labios, su pelo, sus músculos... él. Por mi espalda un sudor frío me recorría y todos y cada uno de mis sentidos sólo precisaban atención a él. El mundo de mi alrededor desaparecía bajo mis pies y mi mente me trasladaba a mi paraíso, a mi jardín del Edén, a mi todo, al único lugar en el universo en el que yo pudiera pasar cien eternidades y no cansarme de estar allí. Todo, absolutamente todo, era nada, él y yo.

Si con sólo pensarlo o soñarlo yo siento todo ello, ¿qué sentiré cuando me suceda en el universotangible? ¿Qué me hará sentir mi mente en esos momentos? ¿Cómo reaccionarán mis sentidos frente a tal situación'

Dicen que lo más real, a veces, sólo sucede en los sueños... Espero que sea mentira.