¿Cómo una simple mirada puede cambiar tu opinión sobre la vida? ¿Cómo un pensamiento lógico es tan fácilmente revocable con una sensación efímera? ¿Cómo, en un día como hoy, el primer día el cuál yo paso en su misma clase toda la mañana, puede él haber desmoronado la muralla que creí haber formado en mi mente y en mi corazón?
Llevaba un año sin pensar en él como ahora pienso. Sólo han tenido que pasar unas horas a su lado. Tan sólo eso. Pensé haberle olvidado. Creí desterrarle de mi mente por siempre jamás. No sólo no se ha ido, ha vuelto con nuevas energías. Con un instante de mirarle directamente a los ojos, de saber que él sabe que yo existo, de sentir que por una décima de segundo que su atención esta clavada en mí; con un instante, he vuelto a caer en sus redes. Y sé que no saldré tan fácilmente. No pude en dos veranos. No podré hasta que nos encontremos tan lejos el uno del otro que no le recuerde por nada del mundo.
Temo que se haya convertido en unos de los amores de mi vida, aún sin saber cómo será mi vida.
Lo mejor de todo es que él seguramente no se haya dado cuenta de nada. Ni falta que le hace. Yo sé más o menos cómo es. Él no sabe nada de mí. Absolutamente nada. Creo que ni siquiera me ha visto reír de verdad. Y si me ha visto ha sido porque yo estaba con mis amigas y él ha mirado en la dirección adecuada.
De todos modos nada de todo esto importa. La tierra seguirá girando me pase lo que me pase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario