Taylor y Karol. Karol y Taylor. Quién sabe cómo hubiese podido acabar esa noche si no se hubiesen separado...
Quizás podrían haber averiguado que los padres de Karolina no volverían, que en el último momento, a eso de las dos de la mañana, llamarían para decir que se iban a quedar en Madrid a pasar la noche (en un hotel, los dos solos, como si aún fueran dos adolescentes escapando de la continua vigilancia de sus padres) y que llagarían al día siguiente después de comer, que cuando regresaran irían directamente a sus respectivos trabajos... y quizás, si hubiese cogido el teléfono Karol y hubiese hablado su madre desde el otro extremo de la línea, quizás, sólo quizás, la una la hubiese dicho a la otra que la llama del amor se había reavivado... Y quizás, sabiendo todo eso, Taylor se hubiese quedado a pasar la noche con su chica, los dos abrazados, sobre el mismo colchón, bajo las mismas sábanas...
Quizás se hubieran besado durante horas o quizás ella hubiese llorado de terror por una peli que él ha elegido, no para verla, sino para poder tener a Karol acurrucada entre sus brazos... Quizás no la hubiese dejado dormir, pese a que mañana los dos tienen que ir al instituto, sólo por hacerla cosquillas, conseguir que tiemble de placer con sutiles caricias, sentirla tan cerca de él que casi formaran un solo cuerpo... Quizás ella hubiera tomado el mando de la situación y le habría convencido para comer chocolate caliente juntos, acurrucados bajo una manta, como si fuera pleno invierno... y entonces, los dos, se tendrían que quedar en ropa interior para poder soportar el calor que, entre la manta, el chocolate y sus dos cuerpos tan próximos, desprendían...
Quizás, sí, quizás... pero no ocurrió así...
Karol puso mesa para dos ninguno llegó a sentarse en toda la noche... Taylor cocinó para dos pero nunca supieron si la comida se quemó o se enfrió...
Lo único que tomó Taylor aquella noche fue un baso de agua; lo único de Karol, unos cacahuetes sin saber que era alérgica...
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