martes, 15 de marzo de 2011

Diez milésimas de segundo...

Entra por la puerta. Da un paso. Y otro. Y otro. Y otro más. Y se da la vuelta después de devolver las llaves a la profesora para ir a sentarse a su sitio. Y se ve el deje de la expresión seria que había demostrado delante de la maestra. Y entonces te mira y vuestras miradas se cruzan en una común complicidad de alumnos. Y la expresión de su cara cambia. Ahora se observa una sonrisa de pura felicidad, esas que son inconfundibles. Y sabes qué puede haber pasado. Y comprendes cómo se ha sentido. Qué ha pensado. Cómo ha reaccionado. Qué está pasando en ese momento por su cabeza. Y lo que siente. Y lo que imagina. Y lo que quería que hubiese pasado. Pero tiene que sentarse ya. La complicidad no dura mucho. Camina. Despacio. Y se sienta. Intentas volver a cruzar las miradas. Lo consigues. Y sonreís. Ya se sabe qué pensáis.
Y todo sucedió en diez milésimas de segundo...

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