miércoles, 30 de enero de 2013

Cada mañana igual...

Despierto. Te veo. Te siento. No estás.
Me levanto. El baño. La cocina. Trago. Suspiro. Recojo el tazón. Salgo de casa. Cierro la puerta. Comienzo a andar.
Camino. Camino. Llego. Entro. Subo. Me quito el abrigo. Separo la silla. Me siento. Ya está.
Y así todos los días cada mañana...

Por suerte tengo las tardes para mí.
Para estudiar y odiar ser estudiante, sí. Pero también para mí. Sino... ¿cuándo escribiría estas cosas?

Las primeras horas del día no me gustan. Son monótonas. Pero dentro de su monotonía puedo disfrutar. Porque he aprendido que lo que tengo es lo que hay. Y que los cambios, los grandes cambios, se comienzan poco a poco, plantando una semilla. Hasta que un día han conseguido dar frutos. Pero mientras riegas, no está de más cantar tu canción preferida y ponerte a bailar.

Sacar de lo común la magia y sonreír ante las adversidades, ese va a ser mi propósito para cada día. Y al tiempo cumplir con mi plan de futuro y felicidad a largo plazo.

Vive la vida tal y como te gustaría recordarla dentro de muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchos años, no como la sociedad te obliga a vivirla.

ASC.

No hay comentarios:

Publicar un comentario