El destino me persigue... Os lo juro. Y yo no lo quiero tener cerca. Porque ya no es necesario. Porque tardé demasiado tiempo en aprender a ser libre y no quiero que la sensación vuelva.
Fue hermoso mientras duró la ilusión, pero tenía que terminar como todo sueño imposible. Y ahora me diréis: "No hay nada imposible" y yo os diré: "Correcto: no hay nada imposible." Pero en este caso ni yo iba a luchar por hacerlo real ni ... iba a ocurrir espontáneamente, así que es imposible.
Pese a todo se suponía olvidado, archivado y guardado.
Y ahora... ahí está, otra vez, persiguiéndome. Como si con cinco años no hubiese tenido suficiente.
¿Lo podéis creer?
No hay comentarios:
Publicar un comentario