martes, 12 de febrero de 2013

Son 7 lunes por semana, 30 inviernos cada mes...




  "En la estepa de los tiempo de la década de los sueños de la tierra de los estornudos con sabor a hielo negro hay un hombre, o quizás una mujer con aspecto masculino, que se sienta en el asfalto calentado por la estrella más lejana de la galaxia (pues las cercanas decidieron que no valía la pena) y que piensa que su existencia es un grano en la paya más lejana de los desiertos de locura que bañados por una oscuridad más negruzca y sentida que la de las pupilas de un cadáver que incluso antes de convertirse ya había muerto." Así comenzó un relato que quizás llegue a contaros algún día...




 "Fue un sueño de esperanza el crear un nuevo mundo en el que llegar a casa después de un árduo trabajo y sentarse a ver la caja tonta sólo sea parte de la rutina cotidiana de aquellos que piensan que no sirve de nada intentar mejorar para poder llegar a vivir una vida feliz junto a los seres queridos que aún no han dejado éste plano de la realidad distorsionada que sólo vemos en parte porque si la viéramos al completo quizás nunca llegáramos a comprender el porqué de estar aquí." Alguien se molestó en plasmar con palabras lo que vivía en su rutina diaria y ahora puedes leerlo tú...




"Un puente surgió de entre el vacío (en el cuál sí que había algo pero que como no estaba identificado se creía que estaba vacío) y llenó la soledad de la estepa de algo que  estaba frío como un muerto en una nevera de madera pintada con flores de primavera, nadie tardó en darse cuenta de que eso que estaba sucediendo era obra de un ente muy superior a cualquiera de los nuestros que decidió suicidarse para auyentar de los templos la oscuridad maldecida con escarabajos de ojos negros" Esté no es sino un episodio de la vida de un buen hombre, quizás cuente su muerte, quizás su nacimiento; pero está claro que ahora mismo ya no está entre los nuestros...




 "La soledad del tiempo pasado roza cada ropaje que llevaste en Carnaval y los silencios que se ocultan en tus rizos me dicen que quieres bailar, que no importa lo que dicen, que no piensas en el qué dirán, que todo lo que tienes es sentir, vivir. Y cuando nos levantemos para dar la bienvenida a un nuevo año, quemando pólvora, sonreiremos porque nos tendremos los unos a los otros. Comos diferentes, estravagantes, como un árbol canoso y dulce. Y sonreímos a la vida, a la muerte la invitamos a una copa, a la soledad la pisamos los zapatos y a mis amigos... los llamamos cuando se pase la resaca,  ¿qué dices?" Diario de un adolescente.




¿Hace falta decir más?

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