lunes, 28 de diciembre de 2009

Fin

Paseando por la calle
sin marcar un rumbo fijo,
intentando olvidarte
y yo en vano lo consigo.
Es tan duro desearte
que por mí yo ya no vivo.
Si pudiera colapsarme
lo haría con gusto a mijo.
Entre el sábado y el martes
para mí hay un abismo:
gigante, inalcanzable,
ni al otra orilla diviso.
Cada esquina de mi cuerpo,
si te ve por el pasillo,
intentando esquivarte
se tropieza con tus niños,
que tan tiernos y profundos,
tan preciosos, tan bonitos,
que consiguen estancarme
en el suelo que ahora piso.
Cada esquina de mi cuerpo,
cada tiempo que he vivido,
cada pétalo de rosa
que en el suelo se ha caído,
lentamente como el humo
de un tejado ennegrecido
se esfuma, se evapora...
Dejé de haber existido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario