sábado, 26 de junio de 2010

23:30

Nunca creí que algún día tendría que coser las heridas de mi corazón con los jirones de tu recuerdo. En las noches de verano como la de hoy la melancolía se apodera de mi mente, mi pasado parece volver a suceder, espirales de memorias sin principio ni fin...
Jamás pensé que si se llegara a tocar fondo se podrían seguir dos caminos: ir hacia arriba y volver a nacer o cavar para seguir cayendo en el olvido. Desde que la preocupación de los deberes desapareció de mi mente mi tiempo se ha ido gastando en romper cosas inservibles y reordenar mi vida material, en soñar utopías demasiado hermosas como para que me lleguen a suceder a mí alguna vez en la vida, en sonrisas forzadas, en tristeza infinita, en desamparo del corazón... me falta algo importante, algo para que mi verano comience y mi estado de ánimo y los colores de mi vestuario vayan al unísono. No sé lo que es y dudo que cuando ello llegue a mí lo reconozca, solo lo aceptaré como un regalo del destino.
Estando en el medio de la nada rodeada de la curiosa multitud fiestera que nace cada estío, la soledad se hace mas pesada que de costumbre y la incapacidad de esconder las sensaciones y los sentimientos renace de entre sus escombros como un fénix de sus cenizas. Ya, simplemente, no puedo más. Lo único que conseguirá ahora hacerme volver a sonreír es el silencioso y privado sufrimiento de quién no puede pronunciar las palabras correctas cuando se trata de sí mismo pues necesita encontrar a alguien que nada más mirarla sepa si esconde una necesidad en su alma y entonces pregunte una y otra vez, insistiendo un poco, dejando que ella se haga de rogar y coja algo de esa confianza tan interna y aparentemente efímera que tienen los confidentes y entonces durante sólo algunos minutos escuchar problemas banales. Después todo volvería a ser como antes...

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