Allí estaba. En medio de aquella desolada estepa. Bajo una luna rota sonriente. Con su capa, su manto, su frialdad y su inconsciencia.
Ella...
La mujer por la que muchos hombres habían perdido la vida, el alma y la cordura. No en ese orden. No sólo esas simples cosas. No todas en tiempos distintos... No, no siempre terminaban descansando en paz...
La mujer cuya belleza era sólo comparable a la de las diosas de la fortuna, o eso decían. Una belleza que sólo se podría conseguir haciendo un pacto con las fuerzas oscuras de la luz, vendiendo a la humanidad, olvidando lo que significa la dulzura, el bien, la conciencia... Perdiendo el alma...
La mujer que ha conseguido unir a todas las fuerzas de la luz bajo una misma bandera. Una bandera escarlata debido a las muchas matanzas que ha provocado. Todo su reino eran viudas, huérfanos, sequías, hambrunas... Desantres de la obsesión por el poder...
La mujer, la única mujer, que por simple despecho ha llegado a la cumbre del poder. Despecho, dicen, hacia su pasado...
La mujer, la única mujer, que por simple despecho ha llegado a la cumbre del poder. Despecho, dicen, hacia su pasado...
Allí estaba, ella, mirando con odio a un bebé. Un odio que no se molestaba en ocultar porque en realidad: qué más daba, era la reina, la persona más poderosa en centenares de millas a la redonda, y nadie podía cuestionar sus actos. Y ese recién nacido qué mal podría hacerle...
Aquel bebé, el único bebé que había nacido ese día en todo Skeleton, era el bebé de la profecía...
[...]
Entonces bajo las mismas piedras y sobre el mismo cielo un Genio entre los hombres nacerá para enseñar el camino de la huida del misterioso mundo de las raíces hacia otro mundo nuevo y próspero. Aquel que nazca con la marca matará al perecedero rey de los cielos y de la tierra y será un nuevo guía seguido por todos aquellos que sepan ver la verdad en sus dichos...
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Entonces bajo las mismas piedras y sobre el mismo cielo un Genio entre los hombres nacerá para enseñar el camino de la huida del misterioso mundo de las raíces hacia otro mundo nuevo y próspero. Aquel que nazca con la marca matará al perecedero rey de los cielos y de la tierra y será un nuevo guía seguido por todos aquellos que sepan ver la verdad en sus dichos...
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Y el bebé tenía esa marca, según los sabios.
Ella mandó un emisario al dragón negro para citarle, en tres meses, en el límite de su reino, Cuarzo. Aquel pobre desgraciado no sabía que llevaba entre manos la sentencia de muerte del futuro de la humanidad, era sólo un hombre que tenía que ganarse la vida de alguna forma para mantener a los suyos, tenía que dar de comer a su familia...
Hizo bien su trabajo. La esquela llegó a su destino a tiempo.
Nunca se supo si regresó a su hogar pues el viaje era largo, fatigoso, difícil y peligroso y según se decía: no estaba en muy buenas condiciones cuando partió hacia su incierto destino.
*
Ella mandó un emisario al dragón negro para citarle, en tres meses, en el límite de su reino, Cuarzo. Aquel pobre desgraciado no sabía que llevaba entre manos la sentencia de muerte del futuro de la humanidad, era sólo un hombre que tenía que ganarse la vida de alguna forma para mantener a los suyos, tenía que dar de comer a su familia...
Hizo bien su trabajo. La esquela llegó a su destino a tiempo.
Nunca se supo si regresó a su hogar pues el viaje era largo, fatigoso, difícil y peligroso y según se decía: no estaba en muy buenas condiciones cuando partió hacia su incierto destino.
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Él llegó justo a la hora acordada. Ella con bastante antelación.
Ella entregó el bebé para que se lo llevara lejos y lo matara. Él no lo hizo.
Ella entregó el bebé para que se lo llevara lejos y lo matara. Él no lo hizo.
Shado, el dragón negro, él cuidó a escondidas de aquel pedazo de existencia. Sin que Rathok, rey de Ónix, país de las tinieblas; se enterara.
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