Abrió los ojos, desconcertada. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? ¿Por qué el suelo estaba tan húmedo? ¿Qué la caía por la espalda? ¿Quién la había tapado los ojos? ¿Por qué se sentía desnuda, completamente desnuda? ¿Cómo es que no podía mover ni siquiera los dedos de las manos? ¿Qué era ese olor pútrido y agobiante? ¿Y esa brisa que la rozaba los labios, el cuello, las piernas...? Era una brisa demasiado cálida como para ser simple aire... Algo, no: alguien la tocaba ahora. Por los brazos... El cuello... Las piernas... ¡No! ¡Esas manos (ahora estaba segura de que eran manos) se estaban acercando demasiado a... a... ! ¡No! ¡No, por favor! No podía hablar: estaba amordazada. ¿Y ahora qué podía hacer? ¡No! ¡Las manos la están tocando...! ¡No! Una lágrima resbaló por su mejilla, fría. Recordó aquella promesa de hace más de tres años... y supo que no estaba sola. Es cierto, no estaba sola. Pero...´
-¿Y ahora que hacemos con ella?
-Lo que queráis, toda vuestra... Pero no la matéis, la necesito viva.
La puerta se cerró.
-Bien... Empecemos el juego, preciosa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario