Cristian Calvo, un simple estudiante de instituto, se tuvo que topar con aquellos cuatro... ¡Vaya suerte! Y la cosa mejora en cuanto aparece Amalia... Amalia. No tendría que haber aparecido. Así no se va a solucionar nada. Ellos son demasiado peligrosos. Demasiados poderosos. Controlan toda la ciudad. Tienen contactos en todas las áreas. La van a hacer picadillo en muy poco tiempo. Y el problema es que Amalia no es de las que se amedran, si lo fuera no habría ningún problema... No, Amalia va a luchar hasta que gane o muera; porque es imposible hacerla cambiar de opinión. Porque ella es así. Por eso, precisamente por eso, es por lo que Cris se ha levantado y se ha ido en cuanto él ha dejado de prestarle atención: porque si no lo hacia ella le mataría más tarde. Porque ella estaba haciendo eso para "salvarle". Por eso, aunque quería quedarse allí para hacer que ella se fuera, lejos de aquellos tíos, aunque deseaba que ella le hiciera caso por una vez en la vida... aún a pesar de todo, sabía que ella no le haría caso: es demasiado orgullosa. Por todo eso era mejor irse.
Amalia y aquel tío se miraron. Fijamente. Y entonces uno de los amigos de él dijo:
-Déjala, tío. Tampoco es para tanto...
-¡Cállate!
Continuó la guerra silenciosa de miradas. Durante varios minutos.
Al final él parpadeó. Y Amalia sonrió:
-Supongo que no hay más que decir...
Se dio la vuelta y se fue hacia la casa de su amiga. Nadie la ganaba a un serio, y menos alguien como él. No quería perder más tiempo. Y se fue...
Ellos no se movieron. Y cuando el cabecilla consiguió reaccionar, ella estaba lejos de su vista...
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