Esto no puede ser... ¡Me están siguiendo! ¿Quién se han creído que son? Y Tania no contesta al móvil... ¿Dónde se ha metido ésta mujer? Madre mía... ¡Vaya tarde que llevo! Si está empezando así... ¿cómo terminará? Y, ¿por qué coños, con perdón, no dejan de seguirme? Los voy a matar...
Ya eran las cinco y media de la tarde. El sol había conseguido que la temperatura se elevase hasta cerca de los 24ºC a la sombra. Amalia sudaba. Era normal. Pero ella no estaba preocupada por el calor o la imagen que debiera de tener; lo que la mantenía preocupada era que Tania no había contestado a su llamada y que esos idiotas la seguian.
Esos idiotas... ¿por qué se empeñaban en hacer todo tan díficil? Era mejor que se fueran y así ella tendría libertad para moverse por toda la ciudad sin que nadie la preguntara u observara... Pero no, ellos tanían que seguir allí.
Y es que Tania siempre se mantiene atenta a cuándo ella la llama o sino la dice que no la llame. Así que la debe haber pasado algo. O ha perdido el móvil. Lo cuál sería una desgracia. Porque en él tenía unas cuantas cosas comprometedoras de las dos, si se sabe dónde mirar, y porque ella le tenía aprecio: lo había tuneado.
Por todo estaba yendo camino a casa de Tania...
(Hablando por el telefonillo)
-¡Hola! Soy Amalia, ¿está Tania?
-¡Hola, Amalia! No, no está. ¿No estaba contigo?
-Sí, pero nos separamos y pensé que podría haber venido... Debe de estar con Sara... Bueno, gracias.
-Con dios.
-Adios.
Siempre fue mejor decir una mentira piadosa al principio que preocupar por chorradas...
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