Sintiéndolo mucho, querido enemigo, voy a tener que matarte y que acabar
contigo y tú efímera existencia, si la comparamos con la existencia del
universo... Pues en el mundo no hay espacio suficiente como para que
convivamos sin interferir el uno en el otro, sin influir en los
designios de nuestras almas. Cada uno debería estar en un mundo
distinto, distante, en una punta del universo, lejos incluso de nosotros
mismos, de nuestro parte material. Sé que lo que ahora digo no tiene el
más mínimo sentido pues si estuviéramos tan lejos seguramente no
seríamos enemigos, pero es necesario creer que existe una forma de que
los dos seamos felices y vivamos tranquilos, en armonía con nuestro
propio fuero interno. Todo esto es simplemente una utopía, algo
simbólico. Y no es necesario comprender el alcance de mis palabras
porque al final, en este tiempo y espacio en el que nos ha tocado vivir,
los dos sabemos que sólo uno sobrevivirá... Y ese seré yo. Porque soy
quien tiene experiencia en el arte de la guerra, soy yo quien conoce los
movimientos de las estrellas que mandan en tu destino, quien controla
sin que te des cuenta todo cuanto haces o dices, porque aunque pienses
que me has vencido sabes que sólo es una artimaña más de las muchas que
yo utilizo para que tú caída sea más y más sonada, porque mientras
duermes controlo tus sueños y mientras comes controlo tu apetito, porque
aún esperas a que llegue un día, sin más, y se meta una bala de hielo
entre ceja y ceja; porque piensas que la muerte es mucho más dulce que
la vida y que si te matara te haría un gran favor. Por eso, por todo
eso, te deseo una agradable vida...
...hasta que nos veamos...
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