martes, 12 de abril de 2011

Nadie como tú para ser mi primera víctima.

Sintiéndolo mucho, querido enemigo, voy a tener que matarte y que acabar contigo y tú efímera existencia, si la comparamos con la existencia del universo... Pues en el mundo no hay espacio suficiente como para que convivamos sin interferir el uno en el otro, sin influir en los designios de nuestras almas. Cada uno debería estar en un mundo distinto, distante, en una punta del universo, lejos incluso de nosotros mismos, de nuestro parte material. Sé que lo que ahora digo no tiene el más mínimo sentido pues si estuviéramos tan lejos seguramente no seríamos enemigos, pero es necesario creer que existe una forma de que los dos seamos felices y vivamos tranquilos, en armonía con nuestro propio fuero interno. Todo esto es simplemente una utopía, algo simbólico. Y no es necesario comprender el alcance de mis palabras porque al final, en este tiempo y espacio en el que nos ha tocado vivir, los dos sabemos que sólo uno sobrevivirá... Y ese seré yo. Porque soy quien tiene experiencia en el arte de la guerra, soy yo quien conoce los movimientos de las estrellas que mandan en tu destino, quien controla sin que te des cuenta todo cuanto haces o dices, porque aunque pienses que me has vencido sabes que sólo es una artimaña más de las muchas que yo utilizo para que tú caída sea más y más sonada, porque mientras duermes controlo tus sueños y mientras comes controlo tu apetito, porque aún esperas a que llegue un día, sin más, y se meta una bala de hielo entre ceja y ceja; porque piensas que la muerte es mucho más dulce que la vida y que si te matara te haría un gran favor. Por eso, por todo eso, te deseo una agradable vida...

...hasta que nos veamos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario