viernes, 14 de octubre de 2011

Omh 7

Durante un tiempo continuó andando. Siempre hacia las profundidades. En una longitud y una latitud totalmente desconocidas para ella. Pero siguió bajando. Para llegar a algún sitio.
Al final, como si del túnel de la muerte se tratara, y por tópico que pareciese, vio una luz. Era sólo un suave resplandor que se convirtió, al final, en una cegadora florescencia.
La antítesis de su llegada.
Aquel inicio del fin.
Cuando entró venía de un día de invierno cualquiera. Uno de esos días en los que el aire parece cortarte la piel y el sol te deslumbra al reflejarse en cualquier superficie blanca. Esos en los que, pese a todos los inconvenientes, quieres quedarte en la calle disfrutando de los pocos rayos del sol que desprenden algo de calor.
Cuando entró en aquella casa todo era oscuridad. Simple y pura oscuridad. Como un presagio de lo que sería su vida de ahí en adelante. Pero ella ni siquiera lo tuvo en cuenta. Sólo se detuvo, molesta, esperando a que sus pupilas se acompasasen al lugar. Intentando descubrir cómo era y sin poder escuchar nada.
Indicios de vida en el silencio.
Pasillo negruzco con un réquiem de fondo.

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