martes, 15 de mayo de 2012

En honor a una saga que me gustó hace tiempo y que quizás retome en verano


Luz & Damon

Todos corrían hacia la salida. La mayoría estaban heridos. El lugar se derrumbaba. Damon llevaba en sus brazos a Elena, Stefan les abría camino. El resto corrían tras ellos.
No tuvieron muchas dificultades. Ningún monstruo se interpuso en su camino. Todos estaban en lo profundo de la cueva, atraídos por un cebo demasiado suculento para ellos.
Pronto llegaron a la salida. Damon dejó a Elena en el suelo. Stefan se puso a su lado.
-Elena, ángel mío. Despierta, mi amor.
Elena respiraba trabajosamente. Poco a poco volvía en sí. Poco a poco, también, legaban todos los demás. Y en menos de un instante Damon volvía hacia las entrañas del infierno.
"Damon, ¿a dónde vas?" preguntó mediante la telepatía Stefan.
"A por ella"
Damon ya había entrado.
-Stefan…
Elena lo llamaba: tenía que atenderla, además, Damon sabía cómo defenderse…


Damon. Damon herido, despeinado y cubierto de barro aún sacaba fuerzas de flaqueza. Damon se ocultaba entre las sombras. Damon. Damon por primera vez estaba realmente asustado. No por su vida, sino por la de ella. Y corría. Tenía que darse prisa porque podría estar… ¡No! ¡Eso no! ¡Ni pensarlo!
Aumentó la velocidad y el sigilo.
Cuanto más se adentraba más monstruos había. Aunque no tuviese tan desarrollado el sentido de ocultar su aura no le hubiesen descubierto: estaban demasiado centrados en la próxima cena…
Damon también sentía el dulce y apetitoso aura que de ella emanaba. Y sabía que era de ella, pero no recordaba haberla sentido nunca mientras habían viajado juntos…
Cuando llegó vio lo que nunca hubiese creído:
Luz. Si sonrisa. Demacrada. Pálida. Con los ojos cerrados. Rodeada de seres infestos. Parecía no respirar. Tenía todas las ropas roídas y el pelo desgreñado. Toda llena de sangre. Heridas por todas las zonas visibles de su cuerpo, y seguramente también en las que no. Rodeada de su aura oscuro y luminoso a la vez. Cálido y separatista, dulce y amargo, fuerte y débil…
La ira le inundó. La ira y el desconcierto. Ella, inmaculadamente vestida, le había pedido dejarla allí sola hasta que los demás llegasen a un lugar seguro, y en menos de diez minutos ya estaba así...
Odiaba. Odiaba a todo ser del inframundo sólo por existir. Por haberla hecho eso.
Pero no se detuvo mucho en pensar.
Damon, un cuánto vio todo, llegó hasta ella, rompiendo su escudo aural. Se había quitado la cazadora. La tapó con ella, la arropó y la cogió en brazos. Frente a él había centenares de monstruos. Al final, la salida. Corrió hasta ella calcinando con los ojos a cualquiera que se interpusiera. Cadáveres y más cadáveres se acumulaban a su espalda. Minutos más tarde pudo salir.
Ninguna abovinación lo siguió. Sus compañeros de viaje estaban un poco más allá, pero toda su atención estaba puesta en Luz.
Luz.
Luz casi no respiraba. Todos se acercaron a la pareja, incluida Elena, que ya se había recuperado. Ninguno supo qué decir. Damon lloraba:
-¡Luz! ¡Luz! ¡No, no, no... !
Luz estaba tumbada en la mullida hierba. Los ojos cerrados. La faz impávida. Realmente era como si ya estuviera muerta.
La suave luz del anochecer reinante daba a la escena un ambiente demasiado tétrico. Bonnie temblaba y lloraba en brazos de Meredith, quién no apartaba la mirada. Elena no sabía qué hacer. Stefan no podía reaccionar. Ninguno había visto nunca así a Damon. Tan imponente. Tam desesperado...


Luz sabía que necesitaba reponerse. Dejar de vivir. Sólo unos instantes. Y cuando todo terminara su cuerpo se reconstruiría y Elena, Stefan, Binnie, Meredith y, tal vez, Damon se alegrarán.
Lo único que deseaba era que no volvieran a por ella, que se fueran. No quería que sufrieran su supuesta muerte...


Damon ocultaba su rostro en el vientre de Luz. La tenía semiabrazada. Parecía haber aceptado su muerte, pero no quería soltarla.
Y entonces, sin respirar, Luz despertó. Veía la cabeza de Damon y sentía su peso en la barriga. Vio que estaba en camisa y buscó la cazadora. La encontró sobre ella, algo que jamás hubiera imaginado viniendo de Damon... Sobre todo teniendo en cuenta que le gusta utilizar sus poderes y que con ellos podría mantenerla con una temperatura corporal constante... No tenía sentido. Le oía llorar, como nunca había oído llorar a nadie por ella...
Los demás estaban sorprendidos por su silencioso despertar. Antes de que avisaran a Damon ella les convenció para que les dejaran solos. Fue Meredith quien entendió sus intenciones y quien empujó a los demás casi a la fuerza.
Y se quedaron solos...
Luz dejó que Damon llorara un poco más, en parte porque la divertía, en parte porque en el momento en el que ella hablé él dejará de llorar y, por consiguiente, volverá a encerrar todos sus sentimientos y nunca se desahogará.
Al final necesitó hablarle:
-Damon, ¿cuándo te vas a vaciar la cabeza para que te pese menos? Me estás aplastando.
-Cállate, estúpida, no ves que...
Damon alzó la cabeza y la miró. Por su cara se pudo diferenciar el miedo, la sorpresa, la incredulidad, la calma, la tranquilidad, la felicidad y, al final, una mezcla indefinible de contrastes que podían ser tanto odio como amor. Luz no supo que pensar, pese a todo sonrió para sí.
-¡Estás viva! ¿Cómo...? Pero... si tú...
Damon estaba de rodillas. Luz, haciendo caso omiso a las súplicas de Damon, se sentó. La cazadora se arremolinó en las piernas de ella y Luz, inconscientemente, la abrazó.
-Damon, ¿por qué lloras? -Le dijo medio riendo.
-Por nada. Vamos, ahora necesitas descansar.
-No, Damon. Ahora lo necesario es que hablemos.
Luz se había puesto seria. Damon no sabía cómo reaccionar. La única vez que la había visto así fue cuando decidieron las normas, que él había violado al volver a por ella, de esa rebelión... Y sólo habló ella...
-¿Qué? -Damon ya tenía puesta de nuevo su máscara.
-¿Qué sientes por mí?
-Nada.
-Mientras llorabas estaba mentalmente despierta... Y tú no eres de los que lloran por nada. Así que dime, ¿qué sientes por mí en realidad?
Damon la miró.
-Puedo mentir...
-Y yo puedo descubrir tus mentiras...
-Soy un vampiro, ¿recuerdas?
-No sabes qué soy.
-¿Es una pregunta?
-No.
Silencioso aguante de miradas... Nunca hizo falta pronunciar el desafío a la resistencia mental y, pese a siempre haber ganado él, hoy le era mucho más complicado aguantar... Hoy ganó ella.
-No lo sé.
-Dudo que no lo sepas, Damon.
-No lo sé, es verdad. No sé por qué odio a todos los humanos con los que andas, no sé por qué llevo sin beber sangre por placer días, ni por qué me quedo horas viéndote dormir, ni por qué me duele cuando me reprochas algo o me haces olvidar cualquier pesar si me sonríes. Y lo que menos entiendo es por qué regresé a por ti.
Luz se acercó a él en silencio. Damon no la miraba, su orgullo de Don Juan acababa ser pisoteado.
Luz puso la mano en su pecho y le empujó suavemente hasta tumbarle en el suelo. Se recostó sobre él. Y comenzó a besarle tan suave y tan lentamente...
Damon no sabía qué ocurría. Quería resistirse, pero no podía... La abrazó por la cintura y, él utilizando su fuerza, ella cediendo a posta; Damon se puso encima de ella.
Siguieron besándose.
-¡Ay!
A Luz se le escapó un gemido de dolor. Damon se preocupó:
-Lo siento, ¿te he hecho daño?
-No, tranquilo, no es tu culpa... Lo que pasa es que mis heridas aún no se han regenerado del todo.
-Necesitas descansar.
-No...
Damon se levantó y la cogió en brazos. La llevó volando, literalmente, al hotel más cercano...

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