Karol caminó por entre la oscuridad reinante hasta la puerta de la entrada, a la otra punta del pasillo. Desde su espalda, algo de luz llegaba para ver el camino y no tropezarse con nada. Por suerte no había ninguna trampa...
Volvieron a llamar.
-¡Ya voy!-Gritó.
Abrió la puerta. Frente a ella no había nadie. Solo esa negrura tan característica de los pasillos sin ventanas, de bloques de pisos de ciudades demasiado grandes para ser bellas; como la nada en su totalidad... Se encogió de hombros: se abrían equivocado. Volvió a cerrar la puerta.
-No era...-Comenzó a gritarle a Taylor.
Pero llamaron a la puerta... otra vez...
De nuevo la abrió.
-¿Quién es?
Miró a ambos lados del pasillo. Sus ojos no captaban ninguna diferencia en la negrura que pudiera delatar alguna presencia, pero se sentía observada...
No veía a nadie, no esperaban a nadie y no tenía ganas de dejar entrar a nadie en casa esa noche; por consiguiente no insistiría más en adivinar quién había llamado. Volvió con Taylor. Al llegar él la prestó toda la atención...
-¿Quién era?-La desvistió con la mirada.
-Nadie.-Karol se sentó.
-¿Nadie? ¿Cómo va a ser nadie?-Rió Taylor, pero al ver la expresión sombría de ella se puso serio-Alguien tuvo que tocar el timbre cuando estabas en la puerta...
-No había nadie en el pasillo, no sé quién llamó, y la verdad es que no quiero saberlo...-Acabó en un susurro.
-¿Tienes miedo?-Preguntó preocupado.
-¡No! Qué tontería dices. ¿Cómo voy a tener miedo de que alguien llame a las... ocho de la noche de repente sin avisar y de que luego vaya a abrir la puerta y no me encuentre con nadie en la puerta y que solo vea el pasillo oscuro negro y frío y luego de cerrar otra vez llamen como si se burlasen de mí y vuelva a abrir y vuelva a no haber nadie en el pasillo...?
-Vale, ven aquí...
Taylor se levantó y la abrazó: su chica estaba muerta de miedo. Haciendo el clásico papel de caballero, se la llevó hacia la cama. Él se medio tumbó y la hizo apoyar la cabeza en su pecho. Ella intentaba que no se notara que lloraba. Taylor acarició el lacio y castaño cabello con ternura, Karol empezaba a relajarse. En lo que quedaba de día no sacaría el tema de lo de la puerta para no molestarla, es más, no lo volvería a nombrar a menos que fuera estrictamente necesario. La besó en el cabello, ella levantó la mirada al fin...
-Lo siento...
-No pasa nada. Terminemos el trabajo, ¿vale?
Volvió a besarla, esta vez los labios, de forma delicada y sutil, casi fue solo un roce entre los suspiros de los árboles en un amanecer de verano junto al mar...
-Vale...
Se pusieron a ello, y terminaron lo que les quedaba sin mediar palabra. Antes de lo que habían planeado terminaron de recorgerlo todo, ella no tenía ganas de juerga, él no quería molestarla.
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