viernes, 2 de julio de 2010

Un beso

Eso es lo que mi alma necesita.

Puede que lo sepáis, puede que no, pero me encanta escribir historias. ¿De qué tipo? Eso no viene al caso. De lo que hoy quiero hablar es de una obsesión que tengo: darle un beso al chico que hace latir mi corazón.

Tengo quince años y aún no he dado mi primer beso, no es que me preocupe ni que necesite dejar de tener unos labios vírgenes, pero mi alma lo pide. ¿Por qué? No lo sé. Puede que sea porque varias de mis amigas ya han dado los suyos o porque lo leí en muchas novelas románticas o porque forma parte de mi personalidad desearlo o por un sueño que tuve... Sí, un sueño...

"Estaba con él y quería besarlo, pero por miedo, inseguridad y timidez no lo hice. Al despertarme estaba enfadada por no haberlo hecho, por no haberme atrevido, por haber dejado escapar la oportunidad de probar sus labios. En ese momento necesitaba besarle y abrazarle y no dejarle escapar nunca más de mi lado. Le necesitaba."

Darle un beso... Ya habré imaginado más de sesenta formas de que ocurra: que él se me declare (cosa que sé que jamás sucederá), que suceda algún acontecimiento excepcional, que me exponga a algún peligro y que él me salve la vida, que estemos a solas y no podamos aguantar ni un minuto más la sed de unión de nuestros labios... Y los besos... Los besos son, dependiendo el momento y el lugar, diferentes: dulce, tierno, apasionado, rápido, cálido, sensual, premeditado, lento...

Sólo existe una cosa que siempre se repite: la sensación que mi cuerpo experimenta después de imaginármelo. Sentía que mi piel se erizaba, mi corazón quería salir de mi pecho y mi mente solo tenía un objetivo: sus labios, su pelo, sus músculos... él. Por mi espalda un sudor frío me recorría y todos y cada uno de mis sentidos sólo precisaban atención a él. El mundo de mi alrededor desaparecía bajo mis pies y mi mente me trasladaba a mi paraíso, a mi jardín del Edén, a mi todo, al único lugar en el universo en el que yo pudiera pasar cien eternidades y no cansarme de estar allí. Todo, absolutamente todo, era nada, él y yo.

Si con sólo pensarlo o soñarlo yo siento todo ello, ¿qué sentiré cuando me suceda en el universotangible? ¿Qué me hará sentir mi mente en esos momentos? ¿Cómo reaccionarán mis sentidos frente a tal situación'

Dicen que lo más real, a veces, sólo sucede en los sueños... Espero que sea mentira.

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