domingo, 11 de julio de 2010

muere, وفاة, 죽으면, kalıp, πεθαίνει, מת, 死ぬ, akifa...

Ciprés. Sombra tan larga. Figura tan esbelta. Nada es comparable a su efímera belleza. Lanza afilada. Pincho moruno de globos oculares de quienes son dejados a su suerte. Recuerdos condensados. Memorias. Pasado. La visión de esa escultura de la madre natura me fascina...
Cruz de piedra sobre un pedestal. Arte gótico perpetuo. Mota de polvo en la longitud del tiempo. Signo inconfundible. Escudo lacerante en visión de vivos. Mensaje simple. Esquela. Réquiem. Idioma universal. Aventa el otro futuro...

Estrellas negras. Luceros incapaces de calentar mi vacío soporte anoréxico. Gélido aire del mediodía. Respiraciones de vivos. Corazones palpitantes sordos y mudos. Ladrones de miradas cándidas. Gotas de tinta de pensamientos. Miles de finales de caminos...

Una calavera. Alma deshabitada. Lánguidos cordeles. Cabellera de modelos esqueléticas. Fémur entre costillas. Huesos entrelazados. Astillas con tuétano. Hojas como pulmones. Barro como corazón. Movimiento estáticamente sádico. Horrendo. Aborrecible. Desamparo visualmente simple. Dolores de ultratumba. Prueba inexpugnable.

Sólo continúa lo compacto. El resto desapareció hace meses. Ya no hay tristeza. Dolor. La mente sigue aquí. Miro mis maltrechos desechos. Todo perdido por lo que supuse valentía. Ingenuidad de locos. Locura ingenua. Masoquismo constante para sobrevivir. Alma casta. Mente perversa. Suciedad en el interior de mis huesos. Brillo ilusorio en la superficie. Visión distorsionada. Resultado de un camino equívoco. Erratas. Estelas de la vida. Callejón sin salida. No hay marcha atrás. Ya no se alcanza la paz. Acantilado sin puente nada más comenzar el sendero. Desagüe de hebras deshechas por el uso. Fin al principio.

Vida. Tránsito. Camino. Condena. Esperanza tardía. Amore asesino. Tiempo retrasado. Tic, tac inaudible. Lismosnas del tiempo. Redundancias. Locuciones retóricas. Seísmos de la mente. Imaginación desbordada. Trola eterna. Lógica inexistente. Verdad invisible a los humanos. Mentira luminosa. Vagabunda en estepas de retales del tiempo. Soy nada. No peso. No siento. Ni existo siquiera. Para qué en realidad. Mi oportunidad pasó hace demasiado tiempo. Ahora solo observo. Miro. Un pensamiento que navega entre vacíos de desesperanza. Una brizna de humo de un volcán apagado. Algún espacio vacío entre los vacíos del espacio. Eso soy. Eso. Eso y nada más. No creo que merezca esta existencia. Dudo siquiera haber merecido la anterior. Espero no haberla desaprovechado. Hubiese sido deshonroso. Mi orgullo sigue intacto. Soy una ególatra. Pérfida. Perversa. Alma peyorativa. No se entiende ésta segunda oportunidad. Doble despilfarro de existencia. Metafísica incoherente. Mecanismo roto. Círculo vicioso. Tropiezos. Inercia de ponerse en pie. Terquedad inagotable. Energía estúpidamente derrochada. Mejor sería morir del todo. No molestar. No agoviar. No estorbar. No malgastar. Dejar a quien merezca la última oportunidad. Secundar la verdad. No destacar. Ayudar sin ser vista. En las sombras. Invisibilidad eterna. Simple cordialidad. Lógica inevitable. Pero no. No. No muero. Sigo aquí. Quiera o no. Sea o no propicio para Gaia. La lógica no funciona en mi caso. Soy la rareza suprema. Un monstruo. La avobinación de la naturaleza. Todo lo horrendo en un solo cuerpo. Pura economía ahorrativa. Normalidad desatada. Temeridades per saecula saeculorum. Nunca fui necesaria. Ahora menos que nunca. Pero la muerte no quiere alcanzarme. Me deja seguir un camino que solo deberían transitar almas útiles para ésta nuestra existencia. Genios. Dioses. Gente de bien. No yo. No. Yo no. Soy peor de lo que se piensan. Mucho peor. Demasiado. Creen conocerme. Creen que soy su ángel de la guarda. Su protección. Su escudo humano. Su salvación. Pero qué saben en realidad. Qué conocen de mí. Sólo una imagen creada para sobrevivir. Para no llamar la atención. Para jugar a un juego tan simple que es de imposible de explicar. Algo que pocos llegaron a atisvar. Menos pudieron jugar. Menos ganar. Yo quise perder. No pude. No me dejaron. Tenía la mejor mano. Ninguna paja. Todo ases. Sólo jugué. Y gané. El premio: la inmortalidad. Sólo jugué. Jugué solo. Pobre niño rico. Exceso de buena suerte. Sólo jugué. Nada más. Sin confianza. Sin esperanza. Sólo por jugar. Por pasar el rato. Dejando que el futuro transcurriera más y más lejos de mí cada vez. No intentaba alcanzarlo. No corría tras de él. Y él vino a mí. El juego gané. La partida concluyó. El viento se llevó las cartas. Ya no se podía hacer nada. Era. Era lo que no quise ser. Mi escudo. Mi imagen. Trampas de vivos. Simplemente lo contrario. No me gusta ser. Centro de atención. Diana imantada. Gravedad convergente. Odio ser. No. No puedo odiar en esta forma. Pero lo haría si pudiera. Podré. Encontraré la manera de odiar. De amar. De sentir. Si no lo consigo volvería a estar muerto en vida. Muerto en una no muerte. Sin capacidad de revivir. Sin capacidad para descansar. En paz. Sin sentimientos. Sin dolor. Tristeza. Angustia. Cansancio. Pena. Sin placer. Alegría. Tranquilidad. Siesta después de comer. Bienaventuranzas. Pudiera ser triste. No lo es. Es llanamente un condena. Para qué tomarlo a mal. En realidad es ley de vida. Tampoco viví tan mal. Nacimiento. Bautizo. Fiestas. Cumpleaños. Otra vida. Juegos. Celos. Peleas. Risas. Crecer poco a poco, con prisas. Soñar con otro futuro aún no impuesto. Descubrir cómo funciona éste infierno disfrazado de ciudad. Hacerte con una personalidad. Vivir un pasado repetido. Pensar que eres algo. Alguien. Saber que no eres nada. Nadie. Aceptar el destino. Diversión. Locuras. Adrenalina. Responsabilidades cumplidas. Todo permitido. Placer. Disfrute. Amor carnal. Sin pensar. Más. Más. Más. MÁS. ¡MÁS! Y entonces oscuridad. Y frío. Y... nada. Y luz. Una pequeña luz blanca. Lejana. Y al abrir los ojos una última vez ser un vacío entre la nada. Y no poder volver a cerrarlos. Porque no tienes párpados. Ni sueño. Ni hambre. Ni nada. Ya no te tienes ni a ti mismo. Y sólo poder pensar. Solo. Porque vivir sin pensar te hace recapacitar en tu lecho de muerte. Y siempre se descubren errores. Momentos que no quisiste vivir. Recuerdos impuestos por el destino. Pero también existieron los instantes de felicidad. Esos por los que mereció a pena pasar un tiempo entre la humanidad. Entre la ajetreada multitud. Y todo parece menos malo. Pero no lo es. Todo sigue igual. Soledad. Parodia de motores en funcionamiento. Yo. Sólo poder pensar. Y observar. Y pensar sobre lo que ocurre al otro lado de la cortina de luz diáfana. De humo voluptuoso. De lluvia. Observar y recapacitar. Recapacitar. Pensar y ver. Ver y pensar. Y no llegar nunca a una conclusión. Al final del camino. A ese pensamiento tan simple y real que se necesita una vida entera para alcanzarlo. Y que cuando lo tienes se grava a fuego en tu memoria. Porque haber llegado hasta él he sido un logro, puedes morir en paz. Pero ese no fue mi caso. Mi despedida llegó cuando debía llegar. Sí. Viví todo cuanto quería vivir. Sí. Y con eso debiera haber sido suficiente. Pero no. En mi caso no. A mí no me podían dejar descansar en paz. Tuvo que tocarme a mí seguir en la tierra unos cuantos milenios más. Y todo para qué. Para guiar a la humanidad a la salvación antes de que se destruyan a sí mismos. Para meterme en cabezas bien amuebladas y dejar por acá y por allá pensamientos útiles. Para incentivar al suicidio a aquellos que tengan poder y no ayuden a la causa. O lo que es lo mismo: para nada.Nadie me vigila. Nadie me controla. Puedo hacer lo que me dé la gana. Puedo no mover ni un solo dedo por la causa. Puedo disfrutar de todos los placeres de la tierra sabiendo que no moriré hasta que no se cumpla el plazo. Y aún así me recibirán como si fuera una heroína. Pero no te puedes quedar sin hacer nada. La culpa. La sensación de falsa impotencia. Todo lo causa la conciencia. La mente. Mi cabeza. Y aún así es tan real. Te quema desde el interior de las venas. Unas secas venas inexistentes por las que ya no circula nada de valor. Es un fuego imposible de sofocar. Un fuego griego doloroso y corrosivo. Al principio es un pequeño escozor y no le das importancia. Poco a poco aumenta sin que te des cuenta. Y llega el momento en que es una tortura y tienes que hacer algo. Y sólo pasaron unos minutos en el tiempo humano. Te quedan millones de minutos. Porque el tiempo es diferente cuando no eres nada. Porque esa es la condena. Porque a veces ganar no significa vencer. Porque todo es relativo. Porque una vida es una acumulación de tiempo perdido. Porque hay quién prefiere seguir preso. Porque la libertad puede ser perversa. Porque no es necesario ser feliz para saber lo que es la felicidad. Porque los suspiros son recuerdos de la eternidad. Y todo es efímero. Y malvado. Y falso. Y corruptible. Nada es lo que parece. Pro la nada no existe. Sólo existe un algo y el vacío. El estar siempre rodeados de algo nos aterra. El estar solos nos aterra mucho más. Morir significa descubrir que los miedos son infundados. Y nunca más estar solos. Morir y tener que levar a cabo mi cometido significa estar sola por un tiempo demasiado largo y olvidar qué es la felicidad. Olvidar a seres queridos. El placer. La esperanza. Buenos momentos. Olvidar. Olvidar y ser olvidado. Y después de años llegar por fin al cielo. Alegría. Felicidad. Aplausos. Todos te conocen. Y tú no conoces a nadie. Quién fue tu madre. Quién tu padre. Tenías hermanos. Novio. Amigos. Hijos. Cuánto viviste. Cómo. Dónde. Cuándo. Y lo más importante: cómo falleciste. Preguntas que no podrás contestar. No recuerdas las respuestas. No recuerdas tu vida. Recuerdas muchas otras. Pero la tuya ya es muy antigua. Y eso ocurrirá cuando termines tu plazo. Y sólo acaba de comenzar. Aún recuerdas parte de tu vida. Lo más triste. Lo más feliz. Quieres llorar. No. No puedes. No tienes lágrimas. Ni una. Ni tienes ojos. Ni párpados. No podrás cerrar los ojos ante atrocidades futuras. Ni ante nada. Ni nadie. Pensarlo. Sufrir. Duele. Espina clavada en el corazón. Brecha en el aire del alma. Trozo de cacho de hierro candente atravesando tu pecho. Hemorroides. Nada. Al final todo es nada. Simplemente. La nada. Resumen de existencia. Masoquismo ilustrado.
Llegando al fin a ésta conclusión todo sentido desaparece. Aceptar lo que viene. Soportar el futuro. El pensamiento se desvanece. Nada existe para ti. Ni para mí. Estar solo en la soledad. Comienza de nuevo el futuro del pasado...

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