Amalia caminaba pensando en sus propias chorradas. No se fijaba en qué dejaba atrás ni en qué tenía delante. Simplemente caminaba. No necesitaba hacer ninguna otra cosa.
Entonces levantó la mirada por la misma razón que uno se mira el reloj de muñeca pero no se fija en la hora, sólo por hacerlo. Y el hacerlo la llevó al descubrimiento de algo que en el fondo no quería descubrir pero que llevaba años deseando que pasara. Fue una de esas veces en las que el corazón te da un vuelco y la cabeza intenta darte una explicación razonable, todo a la vez, y al final simplemente no obedeces ni al uno ni a la otra, al final te quedas estancado en el suelo incapaz de hacer nada más...
Lo que vio fue lo siguiente...
Cuatro chicos, de metro ochenta el más bajo, guapísimos, vestidos con la última moda y demasiado elitistas como para estar en ese barrio. Pero allí estaban...
No podía ser, no era cierto... Unos tíos ¿así? ¿aquí? Imposible... Pero si son casi como... No, que no puede ser estúpido cerebro, que es imposible... Pero, ¿y si sí? ¿Qué pasaría entonces? ¿Que qué pasaría? ¿Que qué pasaría? Oh, venga, Amalia, sabes perfectamente lo que pasaría: irías a conocerles a la de ya. Pero ya. ¡Ya!
Amalia se fijó en lo que hacían antes de acercarse a ellos. Tenía que saber cómo presentarse para no asustarles demasiado... Aunque si son tal y como son los personajes del manga que ella se había leído hace dos meses... Pues es por eso por lo que no se lo cree: son idénticos a los personajes principales masculinos y si tuvieran la misma personalidad... Se volvería loca.
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