Regina había pasado el día en el bosque cazando. El sol ya se iba ocultando, poco a poco, en el horizonte. Shado dormía cuando ella llegó a su asentamiento actual, algo que se había convertido en una tradición de los últimos cuatro años.
Aquel día no era ordinario, o eso se suponía que debía pasar: ella cumplía dieciséis años, pero eso no era relevante en aquel momento. Lo que diferenciaba aquel día de otros era algo mucho más peligrosos que contabilizar tiempo de vida...
Regina, mientras volvía del bosque había decidido que ya era hora de conocer el mundo en el que vivía. Sabía lo que aquella decisión implicaba y que quizás Shado iba a estar en desacuerdo, pero estaba decidida.
-¡Shado! ¿Podemos hablar un momento?
-Aja...
-Verás, lo he estado pensando y... Sé cazar, luchar, leer... Sé todo lo necesario para poder cuidarme por mí misma. Además, he tenido al mejor maestro, compañero y padre que pudiera existir. El más sabio, comprensivo, paciente y tenaz... Sabes que estoy preparada, no puedes negarlo... Así que, ¿podría ir a recorrer mundo? Literalmente.
-Rrrrr...
Shado roncaba. No había estado escuchando.
Regina cogió un cubo hecho por ella misma hacía casi diez años. Lo llenó de agua y... Se lo echó por la frente haciendo que le llegara a los ojos. Shado ni se inmutó. Entonces fue a darle una patada en el estómago, pero sólo consiguió que él cambiara de posición en sueños. Entonces, sin que se lo esperara, Shado la agarró con su grande y fuerte cola de dragón y se la puso sobre el pecho escamoso.
Regina, desde su privilegiada posición, escuchaba los latidos ancestrales de su corazón. Unos latidos lentos y relajantes. Shado sólo la sujetaba con una de sus patas. Con la otra la acariciaba la cabeza.
Shado se estaba riendo.
-¿Qué ocurre? ¿Qué es eso tan importante como para que tengas que decírmelo esta noche, Regina? Nunca nada había sido tan apremiante para ti...
Ella se giró como pudo para mirarle a los ojos.
-Te pregunté que...
-...te deje volar del nido.
-¿Por qué te hiciste el dormido?
-No me lo hice, pero te lo oí decir antes de quedarme dormido...
Shado bostezó. Sus mandíbulas de varios metros de diámetros solían imponer respeto, y aún lo hacían en aquellos ajenos a su verdadera personalidad, pero no ha Regina.
-Entonces ¿qué dices?
-Está bien...
-¡Bien!
-Pero debes prometerme dos cosas.
-¿Cuáles?
-No dejarás que te maten o hieran. Tienes que seguir viva hasta morir de vieja. Y no te confíes. Puede que ahora se estén viviendo tiempos de paz, pero sé cuan fácilmente se puede pasar al tiempo de guerra... Una simple disputa de hermanos...
-...Puede comenzar la mayor hecatombe de la historia de la humanidad... Lo sé.
-Sólo te pido que lo recuerdes.
-Lo haré... ¿Y la segunda?
-Vendrás a verme, al menos una vez cada cinco años. Ya sabes qué rápido se me pasan a mí los lustros...
-Ok, Shado. Vendré. ¿Algo más?
-Regina, eres joven. Pero también madura e inteligente. Confío en ti como no confiaría en ningún otro ser humano. A pesar de esto ten en cuenta que los hombres que allí conocerás no son como los de las historias heroicas que te he contado, sino como los sangrientos monstruos de los que te he hablado. Además, son mucho más brutos, y deshonrosos de lo que te imaginas. Puede que al principio te parezcan amistosos, pero la mayoría sólo querrán una cosa de ti, algo mucho más licencioso...
-Lo sé: Lujuria. Pero no te preocupes, me enseñaste bien, sabré defenderme de unos invéciles...
-Eso será mejor que no se lo llames a la cara.
-¿Por qué?
-Si fueran caballeros, lo cual sería lo más lógico, se creerán los mejores en todo y, por tanto, son los primeros en la lista de candidatos que pretenderán aprovecharse de ti. Llevarán espadas y sabrán utilizarlas y eso te supondrá una pequeño problema...
-Con fácil solución: mentir.
-¿Mentir?
-Les engaño para que piensen que quiero ir con ellos y, en cuanto se relajen, se la quito y lo demás es coser y cantar...
-Visto así...
-Bueno... ¿Entonces... sí?
-Sí...
-¡Bien! ¡Gracias! ¿Cuándo puedo irme?
-¿Tanta prisa tienes?
Regina había conseguido convencerle: la rueda del tiempo había comenzado a correr...
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