La limusina se detuvo frente a una mansión de las afueras de la ciudad. Mansión según el punto de vista de Amalia... Casita de paso según Axel...
-¿Vives aquí? -Preguntó ella asombrada.
-No, sólo duermo aquí cuando vengo de visita...
-Ahhh...
El chalet (porque en realidad eso es lo que era, sólo que uno de unas dimensiones asombrosas) tenía un jardín delantero, un garaje para cinco o seis coches (si es que se les podía llamar así) y... bueno, la entrada era enorme...
Axel entró y Amalia le siguió sin decir ni una palabra... Lo cierto es que no sabía qué decir...
Pasaron del hall a un despacho, y del despacho, por una entrada oculta, a una sala llena de ordenadores y teléfonos. Axel se sentó frente a uno de los ordenadores y comenzó a teclear, quién sabe qué, muy serio. Amalia puso atención a la pantalla:
-¿Se puede saber qué estas haciendo?
-Buscar a tu amiga.
-Ya... y ¿cómo se supone que la vas a encontrar? ¿Mirando la página web de... tias pornos? Mira, creo que será mejor que me vaya...
-¡Julian! ¿Dónde estás? ¿Cómo se busca aquí a una chica? ¡Julian! -Axel la miró -. Y tú no te vas a ninguna parte.
Por otra puerta oculta en la oscuridad entró un hombre trajeado. Se sentó frente al ordenador que había estado utilizando Axel y tecleó y tecleó durante horas...
Mientras tanto Amalia, que creía estar en otro mundo, esperaba sentada en un sofá con Axel sentado junto a ella.
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